De sindromes bizarros y esas cosas (principalmente)
Clasificadora inconsciente compulsiva crónica. Eso soy. Tengo una tendencia irrefrenable a dividir y categorizar. Principalmente a la gente y sus curiosas formas de manifestar su capacidad de razonamiento. Lo descubrí hoy mientras pensaba en los pesimistas y los optimistas. Y me refuté al instante. Si profundizamos, no son tan distintos. De hecho, la diferencia la hizo la circunstancia que les tocó en suerte. Es normal que cuando todo te salió mal, tiendas a creer que ese es el destino inevitable de la mayoría de los planes. Lo mismo para los boludos con suerte, que plantan un chicle y crece una fábrica de Bubbaloo. Para ellos la posibilidad de que las cosas salgan bien es tangible, porque se arriesgaron y ganaron. La moraleja (quería usar la palabra, en realidad no hay una) es que la vida es como un pañuelo con mocos, pero que en lugar de mocos tiene montoncitos de témpera blanca y negra. De esa mezcolanza gloriosa sale un enchastre de grises. Ni muy muy ni tan tan. Creo que eso quería decir. Y no, no descubrí la manera de obtener anticuerpos monoclonales ni nada por el estilo, lo tengo muy en claro.
Cosas del verano
Es cierto. Siempre llega el momento en que una debe ser su propia mejor amiga. Nadie mejor que nosotras mismas para recordar de memoria la interminable cadena de momentos “oh-oh” que dejamos pasar durante años. No necesitamos que nos lo digan, necesitamos tomar la determinación de salir de ahí. Bueno, Amy lo explica mejor. A dormir.
¡Ay, ella! ¡Qué delicada, usa asteriscos!
Hay dos tipos de personas peligrosas: los f*rros y los b*ludos, siendo los últimos mucho más letales que los primeros. Es muy simple.
Si un f*rro te atropella en mitad de la ruta, como es un f*rro y le chupa un huevo lo que te pase, va a pisar a fondo el acelerador y se va a dar a la fuga. Con suerte, algún alma caritativa te va a encontrar y te va a llevar a un hospital del cual vas a salir habiendo aprendido algo: el mundo está lleno de f*rros para que valoremos a las personas que valen la pena. Que dicho sea de paso, y aunque no venga al caso, son muchas y aparecen cuando menos lo esperás. Así que… tranquilos mis queridos lectores, porque los forr*s están neutralizados.
El b*ludo en cambio, se va a sentir mal de haberte atropellado. Porque no es mal tipo, no hace las cosas de mala leche, sino de b*ludo… Entonces, con sus mejores intenciones a cuestas va a dar marcha atrás, preocupado realmente por ver qué pasó, y te va a pasar por encima de nuevo, porque su b*ludez le impide calcular distancias… y eso resulta doblemente nocivo. Del politraumatismo a la sepsis, hay una cadena de eventos desafortunados muy breve. Y es tremendo andar tan infectado.
Todo esto para modificar una máxima que dice algo así como Salve Dios a los muchachos tristes de las mujeres hermosas agragándole un Y salve a éstas, de los b*ludos. Quizás así, muchachitas, logremos modificar aquella sobradamente comprobada ley universal, la del embudo. Pero a esa la conocemos todos.
Bleh
Muda. Enojada. Asustada. Todo a la vez, sólo que lo primer, transitoriamente… pero para decir lo que digo, mejor hasta me quedo callada. No dejo ver ni un solo signo de triste, miedo o ira en mi voz. Me siento un caldero a presión. O sale todo, o no sale nada. A medias, no tiene razón de ser. Y como no puedo decirte todo lo que tengo tejido esperando a que tires del hilo… vuelvo al principio. Qué pendejo de mierda que sos.
Haceme llorar de la risa. Pero no permitas que tenga que usarla para disimular que estoy llorando.
Fijate, siempre vos fijate…
Lo que no entiendo es de dónde sacamos la absurda idea de que las cosas tenían que ser fáciles o que al menos la dificultad debía ser divertida. Ni tampoco esa manía por la velocidad. Que sí, que la vida es corta. Seguro. Pero tampoco somos mariposas y esa tendencia irremediable que llevamos no nos deja ver el árbol más importante del bosque: en dos días somos otro. Y quizás ese otro, sepa que hacer cuando uno no. No está tan mal esperar ni dejar pasar. Pero tampoco insistir o torcer un pedacito, aunque no fuese más que una esquinita, del jodido destino. Como todo, no? El mate frío es aburrido, pero hirviendo no tiene razón de ser.
No viaja en colectivo
Hoy me encontré buscado una canción en youtube de esas que de tanto escucharlas te gustaría que desaparezcan. Hubo un tiempo en el que se me había pegado y no paraba de canturrearla por lo bajo. Mientras caminaba hacia la estación, mientras me duchaba, mientras cocinaba. Bueno, cocinar es una manera de decir. El punto es que la repetía sin prestarle atención. Hoy en cambio, sin poder creer no recordarla, me encontré con el mensaje subliminal que me estaba plantando mi estúpido inconsciente. Mío tenía que ser, para buscarse maneras tan retorcidas de manifestarse…
Hasta cuando hablan de otra cosa, me hablan de vos
¡Qué trabajo me cuesta dejar sobre tu pecho posibles realidades de imposibles minutos! decía el poema de Lorca. No trataba sobre nosotros. Ni siquiera por separado. Pero eso no me impide encontrar al menos surrealista mi propia realidad en tu ausencia. Mi desgano, no tiene nombre ni voz. El tiempo me está cobrando cada minuto que pude haberte dedicado y que preferí desperdiciar. Cada sonrisa al aire que te negué, se niega a volver a mi cara.
Sé que tengo que dejarte ir. Sé que estás mejor sin mí y sé que en nada, voy a darme cuenta de que yo también. Sé que no sos el último, el problema es que seguís siendo el único y eso… eso es mucho. Sé que no puedo darte aún ni la mitad de lo que me ofrecías. Sé que no quiero todas esas cosas. Sé que nunca podré darte otras. Sé que esto fue mejor. Pero también sé que es mi culpa y que podría haber sido diferente de haber tenido las ganas que hoy me sobran y que no encuentro lugar dónde guardar para que no me pesen.
